La odio y lo sabe, vaya si lo sabe. Odio todo lo que ella representa, la manera en que se hace notar, siempre por encima de los demás, la forma en que me sigue a todas partes aun sabiendo lo que la detesto, restregándome en la cara que la necesito, que dependo de ella. Qué altanera es, qué superior se siente retándome a que la abandone, a que le dé una patada y la tire a la basura. Sí, la odio con todas mis fuerzas. Odio a mi aspiradora.
miércoles, 17 de junio de 2015
domingo, 14 de junio de 2015
HONESTIDAD (relato)
Empezamos
este telediario conectando directamente con la localidad de….,donde se
encuentra nuestra compañera Sonia Hernández. Cuéntanos, ¿es cierto que el
ejército ha aislado a la población?
Sí,
compañeros, os confirmo la decisión que ha tomado hace apenas una hora el
ministro del interior. Es más, se ha dado la orden de disparar sobre cualquier
persona que salga del perímetro de seguridad, sea, mujer, niño, anciano,
adulto…
¿Se
sabe de algún infectado que haya podido traspasar ese perímetro?
Sí,
sospechamos que un infectado ha podido alejarse de la ciudad, pero no sabemos
si ha sido por despiste del afectado o por una distracción de los soldados. Un
momento, un momento, oigo disparos. Sí, compañeros, os confirmo que son
disparos. Veo, veo un hombre que sale de la arboleda. Oh, dios mío, está
corriendo hacia nosotros.
Hemos
visto, señores y señoras cómo el infectado ha sido abatido justo antes de
alcanzar a nuestra enviada especial. Vemos cómo llegan los cuerpos de élite del
ejército y cubren de inmediato al cadáver con un plástico. Se llevan a nuestra
compañera y el cámara, suponemos que para comprobar que no han sido alcanzados
por el virus. Por favor, no se acerquen a la localidad bajo ninguna
circunstancia; sabemos que el virus es muy agresivo.
Sí,
precisamente en este punto, vamos a hacer una recapitulación de lo sucedido
hasta ahora.
Hace
unos diez días, en la localidad de…. surgió un terrible brote de honestidad
tipo ab3v, altamente contagioso. Hasta donde se ha podido saber el agente transmisor
podría haber sido un profesor de filosofía retirado que pudo haber contagiado a
un grupo de alumnos de bachillerato en una charla sobre epistemología. Fuentes
no oficiales han asegurado que ninguno de los chavales se copió durante el
siguiente examen, por lo que la dirección del centro activó el protocolo para
estos casos.
Los
profesores quedaron perplejos al comprobar que los funcionarios encargados de
esta emergencia, no solo acudieron de inmediato al lugar de los hechos, sino
que esa misma mañana no habían empleado ni un minuto de más en su tiempo para
el desayuno.
En
las oficinas de la alcaldía ha corrido el rumor de que los administrativos no
han regresado del desayuno con las bolsas de la compra y de inmediato el pánico
se ha apoderado de todos. La situación se ha llegado a descontrolar hasta tal
punto que algunos guardias urbanos, antes de multar, han dado una segunda
oportunidad a los infractores de tráfico en faltas menores. Semejante
flexibilidad en la toma de decisiones no ha tardado en saberse en el ministerio,
mandando este desde la capital a un equipo de fuerzas especiales.
El
obispado ha enviado a un representante al comprobarse que el sacerdote de la
localidad ha casado a una pareja de homosexuales, aunque las fuerzas de
seguridad no le han permitido el paso. “Para ser honestos, dios nos quiere a
todos por igual”, ha declarado el sacerdote afectado por el brote.
Un
cocinero de reconocido prestigio, cuyo restaurante se encuentra en el epicentro
del brote, declaró, y citamos textualmente, “Honestamente, creo que puede haber
alguna comida mejor que la española”
Parece
ser que los primeros síntomas de la enfermedad se reconocen con facilidad pues
los afectados expresan sus opiniones empezando siempre con “honestamente” o
“para ser honestos”
Todos
los negocios han devuelto el cambio correctamente y los minusválidos han podido
aparcar en los sitios reservados para ellos.
En el juzgado los asuntos
pendientes se han resuelto todos en un día al confesar los implicados su
responsabilidad en los hechos que se les imputaban.
El
caso ha trascendido y la Unión Europea, además de mostrar su solidaridad ante
los terribles momentos por los que pasa el pueblo español, ha ofrecido su ayuda
para que semejante brote no cruce Los Pirineos.
Ayer
mismo, la Organización Mundial de la Salud, pidió disculpas en un comunicado
escueto por no haber previsto la situación.
En
nuestro país se han paralizado todas las actividades, incluido las deportivas,
a la espera de que el brote remita.
Atención,
parece que nuestra enviada nos pide paso. Parece que el virus no la ha tocado.
En
efecto, compañeros, por fortuna el ejército pudo abatir al infectado antes de
que pudiera dirigirme la palabra.
Vimos
que lo envolvían en un plástico.
Sí,
es un aislante. Después lo han introducido en una especie de ataúd de plomo y
hemos sabido que lo han trasladado a la incineradora. Y aquí viene lo peor,
compañeros. Parece que las desgracias no vienen solas: el alcalde de la
localidad ha dimitido al reconocer que puede haber personas más capacitadas que
él para ocupar ese cargo.
Vaya,
parece que la situación se está desbordando. Nos acusan con facilidad a los
medios informativos de alarmar a la población, pero ya han visto, señores y
señoras, que la gravedad del caso hace que les mantengamos informados por su
seguridad.
Atención,
nos llega una nota del ministerio. Parece ser que, dada la contundencia con la
que el brote ha entrado en la alcaldía, el ejército ha ordenado bombardear la
localidad.
Desde
la redacción de este telediario pensamos, honestamente, que es una decisión
equivocada. ¿Qué pasa?, ¿por qué me miráis todos así?
miércoles, 3 de junio de 2015
DOS NOVELAS A TENER EN CUENTA
Dos novelas a tener en cuenta. En “Los ojos del puente” nos
vamos a encontrar a Matías Fernández (Mat), un detective privado que tiene su
oficina en el edificio donde pasé mi infancia y primera juventud. Un tipo que
sabe lo que quiere y lo que no quiere. Un adicto al Jack Daniels con dominio
perfecto de la primera persona.
En “Ira Dei” conoceremos al inspector Galán, un tipo serio,
profesional, tranquilo y a Luis Ariosto, un hombre elegante lleno de recursos
que parece recién llegado de alguna novela de Oscar Wilde. Un tándem perfecto
al que acompañamos en la maravillosa disección que hace el autor de la ciudad
de la Laguna.
Altamente recomendables ambas lecturas.
domingo, 31 de mayo de 2015
UN ESPECIAL CARIÑO
No
sé, hay veces que le cogemos un cariño especial a algo. No tiene por qué ser
una maravilla. Puede ser un boliche, una peonza, un libro…ya me entendéis. En
mi caso es una película. Claro, no podía ser de otra manera en un cinéfilo. Sin
embargo, no es ninguna de esas maravillas que entran siempre en el top ten de
los mejores films de la historia. No. En mi caso se trata de “Dispara a matar”.
Ya, ya. ¿Cómo se le puede tener un especial cariño a una película con ese
título? La explicación es sencilla. El día antes de ir a la óptica para recoger
mis primeras gafas fui al cine a verla. Un film de lo más sencillo, un thriller
que entretiene hasta el final, pero poco más; con un Sidney Poitier gustándose a sí mismo, como siempre,
y un Tom Berenger en sus días de gloria.
Cuando
me puse las gafas por primera vez en mi vida el impacto fue terrible, en el
buen sentido. Un mundo lleno de color y fantasía apareció ante mí. Vaya, si las
personas tenían rostro siempre y no cuando llegaban a dos metros de mí; y la luna era redonda y no una bola gaseosa e
indefinida. No resistí ni veinticuatro horas sin volver al cine. Por supuesto,
vi de nuevo “Dispara a matar” y fue como verla por primera vez. Colores,
árboles, cielo, actores con expresiones. Menudo cegato había llegado a
ser. Sí, “Dispara a matar” fue mi
primera película que vi con gafas. Por supuesto, desde entonces me dediqué a
revisionar las películas que había visto antes de que aquellos anteojos se
acoplaran a mi nariz convirtiéndose hasta la fecha en un apéndice de mi cuerpo.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Lo que más aprecias en este mundo- crónicas del pueblo de San Gabriel, anteriores a 1936
-¿Cómo te llamas?
-Ju... Julián, me llamo Julián-y respiró
aliviado tras tanta tensión.
-Julián, me gusta, es un nombre muy
bonito- y Rosalba tocó el piano más animada.
Julián nunca se había parado a pensar
que su nombre fuera bonito, pero si ella lo decía, tenía que serlo.
-¿Dónde lo pongo?-preguntó Julián refiriéndose
a su regalo.
-Ahí, donde los demás.
Rosalba señalaba con la cabeza al enorme
sofá que presidía el salón, y cuando Julián lo miró sintió auténtica vergüenza
por el presente que había traído con tanta ilusión. Él mismo había elaborado la
caja, con algo de premura, eso sí, por el poco tiempo del que había dispuesto.
No era grande, pues lo que escondía no necesitaba de mucho espacio. Había
decidido regalarle su posesión más preciada. Quería romper con su pasado y
dedicarse en cuerpo y alma a ganarse la amistad de la niña, y para ello era
necesario desprenderse de todo aquello que pudiera distraerle: qué mejor, pues,
que regalárselo a ella. Era el símbolo de su sacrificio, la ruptura de su
niñez. A partir de ese momento sólo Rosalba existiría en su mundo, en su vida.
Pero mal empezaba, porque el gran sofá al que debía mirar no se veía. Estaba
totalmente oculto por una montaña de presentes aún sin desenvolver. No eran
regalos modestos, la mayoría eran paquetes considerables e incluso en algunos
se intuía una bicicleta o una gran casa de muñecas. La pequeña caja de Julián
resultaba preocupantemente insignificante al lado de tanta generosidad. Se
acercó despacio, pues el alma le había caído a los pies y miró desconsolado su regalo y el
amontonamiento del sofá. Además, lo hizo varias veces, como si quisiera
encontrar algún tipo de placer en ello, aunque en realidad lo que pensaba era
si de verdad debía entregarle su regalo. Miró a Rosalba, que seguía
entusiasmada con su música acampanada por el pedal mágico. Miró a los
invitados, que seguían deleitándose con la pequeña en el piano, y miró de nuevo
su regalo liliputiense. Levantó una enorme caja envuelta con papel floreado y
lo colocó debajo. Lo hizo rápido, aunque algo torpe. Las demás cajas dudaron
entre caer o mantener la estabilidad, al tiempo que Julián dudaba si quedarse o
salir corriendo. No cayeron y Julián respiró aliviado. Lo que seguía lo tenía
claro, debía marcharse, no quería estar presente cuando Rosalba abriera los
paquetes, no hubiera podido soportar la vergüenza.
Al día siguiente, Julián gastaba el
tiempo del recreo sentado en un banco. El comentario principal esa mañana había
sido lo mucho que se habían divertido todos en la fiesta de Rosalba.
Afortunados ellos, pensaba Julián, que miraba sin mucho interés a sus amigos
jugando a la pelota. Le sorprendía cómo cambian las cosas cuando uno se aleja y
toma perspectiva, porque ahora, desde ese banco, se preguntaba cómo nadie era
capaz de hilvanar una jugada en un patio tan pequeño. Cuando jugaba nunca se lo
había planteado, es más, hasta le parecía grande el terreno después de correr
unos minutos. Así intentaba distraer su mortificado ánimo cuando una vocecita
muy dulce sonó a su lado.
-Hola.
Era Rosalba. Su sonrisa se dibujaba tan
dulce como su voz. Julián no pudo evitar que le temblara la suya.
-Ho... hola.
-Tú eres Julián, ¿verdad?
Julián asintió con la cabeza pues temía
que le volviera a traicionar su voz.
-Muchas gracias por tus canicas.
-¿Abriste mi regalo?- No podía menos que sorprenderse
-¿Por qué no iba a hacerlo?
-¿Y te gustó?
-Mucho- lo reforzaba asintiendo con la
cabeza, y sin dejar de sonreír-. Mi padre dice que tu regalo es el mejor de
todos.
-¿Y por qué?- Realmente le interesaba
saber el motivo.
-Dice que porque me regalaste lo que más
querías de todas tus cosas.
-¿Y él cómo sabe eso?-ahora el interés
era mucho mayor en el niño.
-Eso le pregunté yo.
-¿Y qué te dijo?
-Que un niño de tu edad lo que más
aprecia en este mundo son sus canicas-Julián desvió la mirada. Su cuerpo le
temblaba ante el acierto de don Esteban, aunque empleaba todo su esfuerzo por
disimularlo-, y por eso es el mejor regalo de todos.
El breve silencio que siguió torturaba
sin piedad a Julián. No se atrevía a mirarla.
-¿Es cierto?
-¿El qué?
-¿Me regalaste lo que más aprecias en
este mundo?
Julián giró la cabeza lentamente para
mirarla. Ya no podía disimular sus temblores. Intentaba contestar pero no
podía. Era imposible no darse cuenta y Rosalba, siempre sonriendo, le liberó de
su tortura con una pregunta mucho más fácil de responder.
-¿Me acompañas hasta casa después de
clase?
domingo, 24 de mayo de 2015
De cómo Futurama me ayudó a escribir “Entre el esperpento y el escalofrío”
¿Cada acto de nuestra
vida está gobernado por los caprichos de la casualidad o verdaderamente está
todo predeterminado de antemano?
El caso es que
considero a Futurama lo mejor que ha parido la televisión, después de Seinfeld,
claro, y pocos personajes hay más grandes que Bender. Nunca me perdía un episodio cuando los emitían a mediodía. Me coincidía
con el almuerzo, así que perfecto. Hubo un episodio que, simplemente, me dejó petrificado.
Era aquel en el que Fry tenía la oportunidad de devolver la vida a su perro
fosilizado (de mil años atrás). Al final no lo hizo porque consideró que el
perro le habría olvidado al poco de desaparecer de su vida. Entonces, la cámara se queda en el flashback de mil años atrás y
vemos cómo el perro nunca se alejó de la pizzería donde trabajaba Fry. Jamás,
nevara o lloviera, el perro se fue un instante de aquel lugar esperando a su
dueño. Vemos cómo pasan los años hasta que el perro, ya envejecido, cierra los
ojos por última vez, pero siempre delante de la pizzería y aun con la esperanza
del reencuentro. Y así termina el capítulo.
Tremendo.
Empecé a llorar y a
aplaudir al televisor por lo que acababa de ofrecerme.
Esa escena no sería la
misma sin la música que le pusieron. La versión de Connie Francis para “Los
paraguas de Cherburgo” (¿la canción más versionada de la historia?). En inglés
se llamó “I Wil wait for you”. No pude quitármela de la cabeza hasta que por
fin entendí que con esa canción debía escribir una novela. Y así surgió “Entre
el esperpento y el escalofrío”. De hecho, si al terminar de leer la novela
escucháis esa versión de Connie Francis, tendréis la sensación física de estar
junto a los personajes de esa última página. Os lo garantizo.
Os dejo el video de
esos dos últimos minutos del capítulo de Futurama.
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