Cuando llegué a la
adolescencia pensé que hacerse mayor era librarse de todos los juguetes,
muñecos, comics y tebeos que me delataban con mi reciente pasado de niño. Los
vendí todos en el rastro, incluso la bicicleta. Años más tarde, a partir del
primer sueldo que gané como profesor, los fui recuperando todos. Todos. Bueno,
la bicicleta no, que eso me ha dado siempre mucha pereza.
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