sábado, 13 de septiembre de 2014

Dedicatoria


Hace unas cuantas entradas os hablé de José Ángel Alventosa y su pasión por la fotografía. Pues bien, la semana pasada colgó en su facebook una fotografía que me dedicó, tanto a mí, como a mi novela "Mis ojos llenos de ti". Solo con ver la fotografía se entiende el sentido de la dedicatoria pues es muy similar a la portada de mi libro. Muchas gracias, José Ángel, por el detalle. La fotografía la tituló "Llenos de ti".


martes, 9 de septiembre de 2014

Madrid (relato)

MADRID
(basado en un hecho real, o quizás en varios)



            Contacté con él por internet. Todo un adelanto esto de la red. Una lástima que no existiera antes. Me dijo que sería mucho mejor para los dos que nos viéramos en Madrid. Parece un joven discreto; debe de serlo con los servicios que ofrece. Me pregunto cómo será. Realmente no sé si es joven o yo he querido imaginármelo así. ¿Cuál será su carácter? ¿Tranquilo, amistoso, dulce, comprensivo? Bueno, qué más da; tampoco es que vayamos a estar juntos mucho tiempo. Le propuse vernos en un hotel pequeño, o en uno de esos hostales que tanto abundan en la capital, pero lo rechazó. Prefiere un gran hotel, en una zona céntrica; por su experiencia, me explicó que se pasa mucho más desapercibido cuanto más lujoso y grande es el lugar. Quizás tenga razón.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Lugares que me gustaría visitar

Son tantos lugares los que me gustaría visitar. Creo que una vida entera dedicada a ella (habiendo ganado el euromillón, claro) no me bastaría y, como ya llevo más de la mitad de mi vida gastada, me voy a tener que conformar con unos pocos de esos lugares. Os iré hablando de ellos de vez en cuando. Comprenderéis que si lo hago muy a menudo acabaría desconsolándome más de lo que debería. Son sitios muy especiales para mí. Por supuesto, cada uno tiene esos lugares a los que les encantaría ir y, es muy seguro, que a muchos les resultaría incomprensible perder el tiempo visitándolos, pero son tus lugares, tus deseos, tus sueños; tan válidos como los de cualquier otro.
Empezaré con un lugar cuya existencia descubrí hace relativamente poco tiempo. El museo de Julio Verne en su ciudad natal, Nantes (Francia). No me refiero solo a su casa museo, sino a la extraordinaria exposición que se ha hecho sobre las criaturas y artilugios que aparecen en muchas de su novelas. Debe de ser fantástico estar junto a estas máquinas que recrean los momentos más apasionantes de sus historias. Esto se debe, sobre todo, a la magia y el talento del brillante equipo Royal de Luxe que, todo hay que decirlo, aquí se han lucido. Un lujo para los aficionados a Julio Verne estar en Nantes. ¿Cuántas cosas que él imaginó son hoy una realidad? ¿Sabíais que en una de sus novelas habla ya de los rascacielos y de una sistema de comunicación muy parecido a internet? 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Una respuesta genial

Alejandro Dumas padre
Alejandro Dumas (padre) es el autor de libros tan célebres como "El conde de Montecristo" o "Los tres mosqueteros"; dos novelas que, por sí solas, bastarían para llenar el imaginario de generaciones enteras de lectores. Lo que no sabe mucha gente es que Dumas solía escribir con colaboradores; es decir, contaba con una serie de escritores que estructuraban toda la novela, se la entregaban a Dumas y este les daba su toque especial. Quizás el colaborador más importante fuera Auguste Maquet, precisamente por ser el co-autor de las dos novelas citadas más arriba. A ninguno de nosotros se nos ocurriría decir que esas novelas son de Maquet; decimos que son de Dumas. Así de injusta puede ser la Historia.
Auguste Maquet
Tanto se hablaba de estos colaboradores en el París de la época que un día Alejandro Dumas preguntó a su hijo (célebre escritor también, con obras como "La dama de las camelias"): ¿Hijo, has leído mi última novela?
Y su hijo le contestó:
-Sí. ¿La has leído tú?


La verdad es que su respuesta estuvo genial.


sábado, 30 de agosto de 2014

Diseñando la portada


La elaboración de la portada y contraportada de "Mis ojos llenos de ti" fue un proceso corto pero intenso. Ya desde el primer momento, Carlos Fortes, el ilustrador, me presentó un borrador que se acercaba bastante a lo que sería el resultado final. Se involucró desde el principio y fue muy paciente conmigo. Yo alucinaba viéndolo trabajar con esa megamesa digital que tiene. Se mueve como pez en el agua con ella. Me iba enviando bocetos de manera incansable y yo poco podía aportar porque él siempre clavaba a la primera todos mis pensamientos en su dibujo. Luego llegó la última fase, la de maquetar las ilustraciones en los parámetros de Amazon; ahora me río pero fueron unos días de lo más estresantes con esos emails a tres bandas entre Carlos Fortes, Lucía Bartolomé (encargada de la edición) y yo. El resultado habla por sí mismo. 
Aquí tenéis alguno de los bocetos de la portada.

jueves, 28 de agosto de 2014

Polvo de estrellas


Hace unos veinte años llegó de casualidad a mis oídos la melodía de un programa de radio. Con los auriculares de mis walkman puestos, trataba de soportar el calor de las noches veraniegas escuchando la radio hasta que me entrara el sueño. Recuerdo que el reto era ver lo que seguía al programa de José María García (en Antena 3 radio), un programa eterno, pero que su protagonista lograba llevar bastante bien. Por fin, una noche, lo logré. Imposible olvidar aquel momento, pues entraba por primera vez en contacto con “Polvo de estrellas”, el programa de cine de Carlos Pumares. Definir a este señor es complicado, pues tiene tantos seguidores como detractores, pero yo le debo mucho: para empezar, que me entretuviera en el sopor de la canícula y, sobre todo, mi cultura cinematográfica, que si es amplia, es gracias a él. Precisamente por ello, en mi novela, “Mis ojos llenos de ti” le hago un sentido homenaje. Para gran sorpres mía, encontré en Facebook una página que se llama "Polvo de estrellas" y cuyo administrador cuelga de vez en cuando alguno de los programas de Pumares. Qué emoción volver a escuchar aquella música encantadora con la voz voluptuosa que anunciaba el programa. Os dejo aquí un video de youtube dondes se recoge el audio de su famoso especial sobre "2001, una odisea en el espacio", en el que explica la película, si es que esa película tiene explicación. En esta grabación ya no está en Antena 3 sino en Onda cero. 


martes, 26 de agosto de 2014

La buena samaritana (relato)

Describir el grado de decepción de María podría ser complicado y, además, nos llevaría mucho tiempo. Toda la vida había querido ayudar a los demás, probablemente inspirada por la profesión médica de su padre, o, quizás porque siempre había admirado a Teresa de Calcuta. Negada para las ciencias y sin vocación eclesiástica, María se metió en mil organizaciones de ayuda desde su más tierna pubertad. No tenía tiempo ni para pensar en los chicos que, ni que decir tiene, la veían como a una atractiva bastante extraña; o sea, que al mismo tiempo que querían acercarse a ella deseaban alejarse. No le importaba, pues en lo único en que pensaba era en ser útil al prójimo.
            Sin embargo, de alguna u otra forma, María acababa siempre decepcionada con las organizaciones a las que se asociaba. Al principio lo relacionaba con la diferencia de edad que había entre ella y la mayor parte de sus miembros, que, por cierto, no les resultaba nada extraña y sí muy atractiva, de modo que casi todos acababan rondándola; quizás fuera también por esto que sus ilusiones se disipaban pasado un tiempo en la organización. ¿De verdad que no había ninguna ONG en la que ninguno de sus miembros intentara ligársela y se centrara definitivamente con ella en el objetivo de la misma?
            Pasados los veinticinco años, y con una licenciatura en filología árabe a cuestas, dio con lo que pensaba era la organización perfecta, pues nadie la pretendía. Qué a gusto se sentía colaborando entre tanta sinceridad, entre tanta acción desinteresada. No había una actividad a la que no acudiese llevando todo su entusiasmo. De hecho, nunca pensó que su entusiasmo pudiera jugarle tan mala pasada, pues los presidentes de la organización lo esgrimieron para prescindir de ella. No se lo podía creer. Según les había entendido, se implicaba tanto en la colaboración que los demás acababan apartándose, señalándola como una niña de papá encaprichada, probablemente movida por remordimientos burgueses, con ayudar al prójimo.
            Insultada, humillada, rebajada…Así se sentía  María al salir de la sede; pero si lo único que deseaba con toda su alma era ayudar, especialmente en esta última donde se rehabilitaba a toxicómanos. Después de dos años de colaboración, resultaba que no servía debido a su exceso de entusiasmo y un carácter ciertamente impetuoso. Tan afectada quedó que terminó descuidando su trabajo de venta de seguros por teléfono, porque, como es obvio, como filóloga arábiga no se comía un rosco, hasta que la echaron.
            Su desazón iba en aumento, no tanto por haber perdido el trabajo sino porque se había extendido su cese de la ONG entre otras organizaciones y, a esas alturas, se había convencido de que no podría colaborar con ninguna otra, al menos en esa ciudad. Si ella solo quería ayudar; consideró seriamente la posibilidad de acudir a un psicólogo, trasladarse a otra provincia, convertirse al budismo…
            Aquella mañana, iba María camino de las oficinas del paro con la cabeza puesta en los necesitados. Siempre había sido una gran despistada y no era de extrañar que durante el día tropezara con más de un transeúnte o se equivocara de calle. Aquella estaba resultando una jornada de máxima distracción, por lo que, tras chocar con tres viandantes, acabó perdida. Cuando se percató de su desorientación quiso llorar ya que donde se suponía que debían estar las oficinas del paro había un banco. Ella no quería una incubadora de crisis, quería poder arreglar sus papeles en una oficina de empleo. Buscó a quien preguntar, cayendo sus ojos en un joven que aguardaba al volante de su coche aparcado en doble fila. Su rostro le pareció fiable y se acercó a él.
           - Perdona, verás, es que me he perdido; increíble porque llevo viviendo en esta ciudad por lo menos diez años, desde que mi padre cambió de hospital y vine a hacer el instituto aquí. El caso es que yo estaba convencida de que donde está ese banco había antes una oficina de empleo, porque me han despedido, ¿sabes?, como a mucha gente estos días, espero que no sea tu caso. A mí, por despistada; como lo oyes. Bueno, en parte tenían razón porque yo no hacía otra cosa que pensar en la ONG donde colaboro, perdón, colaboraba porque de ahí también me han echado…Oye, ¡Yo a ti te conozco!
            El joven en cuestión, escuchaba sorprendido la verborrea de la desconocida. Nervioso, apretaba sus manos al volante deseando que aquella loca se marchara de una vez, pues resultaba de lo más inoportuna; pero cuando oyó que le conocía quedó paralizado.
            - ¿Ah, sí?- balbuceó-, no creo.
            - Que sí, que sí- insistía María acompañando su histerismo con pequeños brincos-, pero ¿de qué, Señor?, ¿de qué te conozco?
            -Yo creo que no, además estoy esperan…
            - Ya sé, ya sé, ya sé, del instituto, del Miguel Hernández- el joven quedó sin respiración pues él había estudiado ahí-. Tú eres Raúl. Ay, ¿cómo te apellidabas? Bueno, es igual. Raúl, ¿no te acuerdas de mí? Soy María, la friki de las ONGs.
            Un ligero brillo en los ojos del joven acabaron por delatarle.
            -¿Ves como eres Raúl?- continuó María-. No me digas que no te acuerdas, si todos queríais ligarme. Bueno, ahora que lo pienso, tú nunca lo intentaste.
            Raúl hacía lo posible por mirar al banco, pero el cuerpo de María se lo impedía. Suspiró vencido.
            - Sí, soy Raúl y me acuerdo de ti- le confesó pensando que así se libraría de ella. Error. Grande.
            - Jo, qué ojo tengo- dijo con el mismo entusiasmo-, mira que esta ciudad es grande, ¿eh? Y me vengo a perder justo aquí, donde estás tú y encima te pregunto por una oficina de empleo.
            Un pequeño silencio se interpuso entre los dos. Raúl no estaba dispuesto a decir ni una palabra más y María no podía consentir que ese silencio continuara prolongándose.
            - Y dime, ¿qué haces? Yo ya lo ves, camino del paro,  que estos días es lo común; espero que no te encuentres en la misma situación. La verdad es que te perdí la pista en seguida. ¿Terminaste el insti?, ¿qué hiciste? Yo me metí en filología árabe, ¿te lo puedes creer? Me pareció de lo más romántico, y mira que mis padres me insistieron para que hiciera otra cosa…Oye, que mejor me meto en el coche, ¿no? Y hablamos con tranquilidad. ¿Tienes mucha prisa?
            - Sí, sí, muchísima- le respondió velozmente viendo una vía de escape con esa pregunta.
            - Si es solo un momento, con la de años que no nos vemos.
            María empezó a rodear el coche dirigiéndose al asiento del copiloto.
            - No, no, no- protestó Raúl, pero fue en vano. Dos segundos más tarde, estaba sentada a su lado. Raúl empezó a sudar, lo notaba en sus manos que continuaban apretando el volante. Al menos ahora podía ver claramente el banco.
             -Oye, que tienes el motor encendido- le indicó María-, sí que tienes prisa. Bueno, te prometo que será solo un ratito, en lo que sale tu mujer del banco, porque la estás esperando, ¿no?, o a tu novia. ¿Tú te has casado? Yo no. He tenido mis novietes, pero la verdad es que no compartían mis deseos de ayudar a los demás; en resumen, que eran todos unos egoístas, como en el instituto, que todos andabais detrás de mí, ¿te acuerdas? Todos menos tú, que no me soportabas.
            Aquel comentario consiguió desconectar a Raúl de sus más inmediatas preocupaciones y, por primera vez, mostrar interés por el monólogo de su antigua compañera.
            - ¿Por qué dices eso?, me caías bien.
            - Pues chico, ¿qué quieres que te diga? Nunca me dirigías la palabra, era como si te escondieras de mí.
            Los recuerdos, que para Raúl estaban muertos y enterrados, acabaron resucitando con las palabras de María.
            - Bueno- empezó diciendo Raúl en voz baja-, es que era muy tímido, pero sí que me caías bien.
            Sus ojos se encontraron provocando en María una alegre e inusual sensación. Nunca antes había visto tanta dulzura en una mirada; hasta tuvo la sensación de quedarse bloqueada, y eso sí que era raro en ella. Raúl creyó estar reviviendo aquellos años de instituto; años confusos en los que su timidez le llevó a seguir la corriente constantemente, una corriente equivocada, de eso estaba seguro. María no tardaría en preguntarle cómo le había ido en la vida y entonces no tendría otra que mentir, pero se lo notaría, estaba seguro. La voz de su antigua amiga quedó amortiguada por las imágenes que fluían en su memoria. Vestida siempre como la más hippie de las hippies, siempre con la matraquilla de ayudar a los demás, siempre con su discurso incansable. Nunca se atrevió a decirle que estaba de acuerdo con ella, nunca dio los pasos suficientes como para acercarse a ella y pedirle una cita, como hacían los demás. Sí hizo caso, sin embargo, a todos los capullos que le llevaron a repetir ese curso y a no a terminar nunca sus estudios. Tampoco a ellos había sido capaz de negarles un porro o una raya.
            - ¿Y dime, cómo te ha tratado la vida?
            Allí estaba la pregunta maldita. ¿Por qué tendría que haberse tropezado con ella?, ¿por qué no se iba de una jodida vez?
            - Pssa, ya sabes, un poco como a todos; unos trabajillos por aquí, otros por allá, siempre en la construcción.
            Raúl temió haber respondido con un tono demasiado lastimoso, pues lástima era lo último que quería despertar en ella. Los nervios, que aparentemente, habían desaparecido, afloraron de nuevo para hacerle estrangular el volante. María, probablemente por primera vez en su vida, permaneció en silencio. Había quedado prendada por la candidez de aquellos ojos que ocultaban torpemente una vida llena de tropiezos.
            - ¿Sabes lo que vamos a hacer?- le preguntó entusiasmada- Vamos a tomar un café.
            - ¿Qué?- protestó,  más que preguntó.
            - Sí, un café, ya sabes. Vamos los tres.
            La idea le tentó, pero estaba allí en ese coche arrancado por algo y debía renunciar a ello si quería aceptar esa propuesta.
            - ¿Tres?, ¿qué tres?
            - Estás esperando a tu novia, ¿no? En el banco.
            Raúl miró unas tres veces a la puerta del banco. Respiró hondo.
            - ¿Te encuentras bien?
            - Sí, sí. No estoy esperando a nadie- soltó a toda velocidad- esperaba a un amigo para pedir un préstamo pero ya con la hora que es no creo que venga.
            -Bueno, pues mejor que mejor. Vamos a por ese café, o un té; no sé qué te apetece más. Es un poco temprano para una cerveza, ¿no? Aunque a lo mejor para ti no. Uy, qué torpe, no vayas a interpretar que por tu aspecto te he imaginado bebiendo cervezas en el desayuno. A ver, que tu aspecto no tiene nada de malo, ¿no te acuerdas de cómo iba vestida yo en el insti? De risa, pero mira, nunca me he arrepentido de ello. Estoy muy orgullosa de no haber caído en las modas, aunque vestir de hippie supongo que también sea una moda, no sé, ¿tú cómo lo ves?
            Raúl había empezado a mover el coche. La voz de María le sonaba como una de esas canciones maravillosas que, de pronto y, sin avisar, nos sorprenden en la radio. Ya solo porque no te la esperabas te suenan mejor. Así estaba él, disfrutando de aquella melodía que había irrumpido en su vida sin previo aviso.
            Habían girado ya la esquina de la larga calle cuando se activó la alarma del banco. Con una sincronización casi perfecta con aquel ruido estridente, dos hombres encapuchados salieron de la sucursal pistola en mano y cargando unas maletas deportivas considerablemente abultadas. Quedaron paralizados pues algo en su atraco perfecto no estaba funcionando.
            -¿Y Raúl?, ¿dónde está ese capullo?
            Miraban desesperados a ambos lados de la calle.
            -Pero si estaba aparcado aquí mismo.
            -Hijo de puta. Nos ha vendido.
            -¿Qué hacemos?
            -Correr, coño, correr.